Regresar a Secciones

Las primeras actividades productivas de los españoles, en América, fueron la introducción del trigo y del ganado para su sustento. En el caso del trigo, en Tlaxcala, se obligó a la población indígena a entregar determinadas cantidades de este cereal como tributo “Por orden del cabildo indio (1548), la gente de cada población tenía sembradíos de trigo y maíz, de modo que los clérigos que viajaban podían ser abastecidos de lo que necesitaran”.

Las construcciones religiosas contaban con terrenos aledaños para el cultivo de cereales, huertos y hortalizas, además de la cría de aves y ganado, con el fin de que estos centros religiosos fuesen autosuficientes. Así, los franciscanos construyeron represas, diques y canales de riego para extender y favorecer los cultivos y, posteriormente, molinos de agua y de tracción animal para fabricar harina.

A través de la Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos del 12 de julio de 1859, promulgada por el presidente Benito Juárez, representó, por un lado, recursos económicos para su gobierno liberal, pero por el otro, significó el fortalecimiento de los latifundios, ya que los bienes eclesiásticos fueron comprados por los más poderosos hacendados civiles.

El estallido de la Revolución Mexicana en 1910, fue el inicio del fin de muchas de las haciendas en Tlaxcala. El artículo 27 de la Constitución Política Mexicana de 1917 estableció la liquidación de las haciendas y la Reforma Agraria, para devolver las tierras a los campesinos. No obstante, las haciendas ganaderas pudieron sortear la reforma agraria, pues mientras mayor cantidad de ganado tenían, mayor cantidad de terreno retenían; así lograron sobrevivir grandes haciendas ganaderas en Tlaxcala.

Justo cuando la cruzada agrarista alcanzaba su máxima expresión, el Presidente, General Lázaro Cárdenas, firma los certificados de inafectabilidad ganadera para 13 haciendas tlaxcaltecas dedicadas a la cría de ganado de lidia. Mediante la gestión de dos o más de estos certificados, 31 haciendas lograron retener parte de sus propiedades.


Haciendas de Toros de Lidia en Tlaxcala

La fiesta brava, tuvo su debut en nuestro país en la ciudad de México, el 26 de junio de 1526, con la primera corrida de toros en honor a Hernán Cortés, a su regreso de las Hibueras, hoy Honduras. A partir de entonces, se adopta para siempre una fiesta netamente española, creando gran afición entre la población mestiza de donde surgirían grandes valientes del ruedo. Actualmente en la entidad existen más de 40.


Plazas de Toros

Las principales en el estado son:

Plazas de Toros
Plaza de Toros Jorge “El Ranchero” Aguilar. Se ubicada en el centro histórico de la ciudad de Tlaxcala, tiene capacidad para 2,500 personas. Monumento que data de los últimos años del siglo XVIII.
Plaza de Toros “La Taurina”. Huamantla, de gran tradición taurina, tuvo también una plaza de toros del siglo XVIII que desafortunadamente ya no existe. Huamantla cuenta con el único Museo Taurino en el estado y su Plaza de Toros “La Taurina” con capacidad para 5,500 personas.
Plaza de Toros “La Monumental”. En la torera ciudad de Apizaco hubo cuatro plazas de toros anteriores a la actual lla mada “La Monu mental” que es la más grande del estado, con capacidad para 6,334 personas.

Haciendas

Tlaxcala actualmente ofrece un recorrido por sus legendarias construcciones que permiten apreciar la fiesta brava combinada con la riquísima gastronomía, música tradicional, cabalgata, caminata, turismo rural y agroturismo, entre otras que el turista y visitante podrán disfrutar.

Haciendas
Hacienda San Francisco Soltepec. Se localiza en el km. 3 Carretera Huamantla-Puebla. Con su singular fachada estilo castillo medieval, fue fundada a principios del siglo XVII.
Hacienda de San Nicolás el Grande. Se encuentra en el municipio de Benito Juárez. Es impresionante la troje de la hacienda con muros de mampostería, la cual cuenta con tres naves y dos pisos, además con serva su capilla y puerta de madera original.
Hacienda de San Bartolomé del Monte. Su origen se remonta a los siglos XVII-XIX. Se dice que en 1660 llegó a tener una extensión de 12,500 hectáreas. La hacienda, ahora con sólo 60 hectáreas de terreno, continúa la tradición de siglos de producir pulque.
San Diego Baquedano. Se localiza en el municipio de Terrenate a pie de carretera, debe su nombre a San Diego de Alcalá uno de los santos más populares de la época colonial y Baquedano apellido vasco perteneciente a uno de sus primeros moradores.
Hacienda y Ganadería San José La Laguna. Carretera Federal Apizaco-Lázaro Cárdenas. Este hermoso lugar de arquitectura colonial mexicano, en una extensión de 500 hectáreas. Actualmente se dedica a la crianza de ganado bravo.
Ganadería Rancho Seco. Se ubica en Santa María Zotoluca municipio de Tlaxco, a 5 kms. de Ciudad Industrial Xicohténcatl. Posee un importante acervo fotográfico sobre la historia del ganado bravo en la región.
Hacienda San Pedro Tenexac. Sobre la Carretera Toluca de Guadalupe-San Francisco Teometitla, Terrenate. En el siglo XVIII, ve erigirse en las Tierras de Tenexac los primeros muros que hoy son el vestigio más antiguo de sus construcciones.
Hacienda San Antonio Techalote. Esta hacienda data de los siglos XVIII y XIX. Quedó fraccionada con varios propietarios, dando como re sultado la formación de una nueva colonia agrícola.
Hacienda Santa María Xalostoc. Se localiza sobre la Carretera Apizaco-Tlaxco, tomando la desviación a Atotonilco, en la población de Xalostoc, del Municipio de Tlaxco. Data de mediados del siglo XVII, en aquella época contaba con más de 3,500 hectáreas que aprovechaban para la agricultura, la explotación de maguey y la ganadería.
Ganadería García Méndez. Le invitamos a conocer el Rancho Santa Anita, a sólo 4 kms. de la ciudad de Apizaco. Aquí disfrutará de una verdadera fiesta taurina con tienta de vaquillas, recorrerá los corrales para conocer el ganado bravo que serán toreados en diferentes plazas de toros de México.
Hacienda de Xochuca. Esta hacienda pulquera de finales del siglo XIX, se localiza a 9 kiló metros de la ciudad de Tlaxco, en las faldas de la montaña y la Peña del Rosario anteriormente llamada Peña de Xochuca “La Flor que Llora”. Es de los pocos lugares en donde podemos encontrar grandes plan taciones de Maguey.
Hacienda San Buenaventura. Localizada en el km. 17.5 de la Carretera Tlaxcala-Apan en el Municipio de Tlaxco, fue construida en el siglo XVIII y desde entonces ha conservado su fachada y casco original. Su principal actividad fue la producción de pulque en uno de los más grandes tinacales de la zona.
Hacienda y Ganadería San José Atlanga. Es una construcción del siglo XVIII acabada en material de piedra, adobe y xalnene. Se localiza sobre la carretera Atlangatepec-Santa Clara.
Actualmente, conserva el casco principal y vestigios de lo que en otra época fueron trojes, el tinacal y su capilla.
Hacienda Santa Teresa Ixtafiayuca. Se ubica en el municipio de Nanacamilpa de Mariano Arista, al poniente del estado, junto al poblado de Madero, una enorme y sólida construcción, cuyos orígenes se remontan a los albores del siglo XIX.
Hacienda San Miguel Tepalca. Su nombre proviene del vocablo náhuatl “Tepalcatepec” que significa “Cerro de Tepalcates”. Se conserva en excelente estado la casa grande, que guarda entre sus muros muebles de más de 100 años de antigüedad.
Hacienda Piedras Negras. Ubicada en el municipio de Tetla, es una de las más antiguas en el estado; su origen se remonta a finales del siglo XVI. En el siglo XIX, junto con la Hacienda de San José Tepeyahualco, inició la tradición de la cría de toro de lidia, siendo una de las más antiguas de México en este campo.
Hacienda de Santa Águeda. A sólo 15 km. de la ciudad de Tlax cala, en el municipio de Nativitas, se encuentra la Hacienda de Santa Águeda, cuyo origen se remonta al Porfiriato, cuando estuvo dedicada a la agricultura y a la cría de ganado para producción de leche, altamente tecnificada para su época.
Hacienda de San Blas. Se ubica en el municipio de Hueyotlipan, data de los siglos XVIII y XIX.
La producción que se obtenía era agrícola y pulquera. San Blas se ha convertido en una locación cinematográfica muy solicitada por los productores del llamado “séptimo arte”; allí, por ejemplo, se filmó recientemente la película “La Máscara del Zorro”.